En las últimas décadas, las concepciones dominantes sobre el Trastorno del Espectro Autista (TEA) y el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) han comenzado a ser cuestionadas desde múltiples frentes. Lo que la psiquiatría tradicional ha catalogado como "trastornos" del neurodesarrollo podría reinterpretarse, desde una perspectiva antropológica y evolutiva, como variaciones naturales de la cognición humana que en otros contextos históricos y ecológicos no solo eran funcionales, sino potencialmente ventajosas.
Este artículo propone un recorrido por las evidencias recientes que sustentan esta visión, explorando cómo los rasgos asociados al TEA y al TDAH —lejos de ser meros déficits— representan especializaciones cognitivas que han persistido a lo largo de la evolución humana gracias a su valor adaptativo. En las aulas modernas y en las sociedades industriales occidentalizadas, estas características pueden suponer desventajas significativas, pero ello dice más sobre el diseño de nuestros entornos que sobre una supuesta "patología" inherente a estas formas de neurodesarrollo.
La teoría del Desajuste Neurocognitivo
La Teoría del Desajuste Neurocognitivo (Neurocognitive Mismatch Theory, NMT) propone un marco explicativo fundamental para comprender esta cuestión. Según esta perspectiva, los rasgos asociados al TEA y al TDAH no constituyen trastornos fijos de origen neurológico, sino variantes del neurodesarrollo que se desestabilizan por el desajuste sociobiológico entre la cognición humana evolucionada y las presiones de la civilización moderna .
Este desajuste opera de manera diferencial para cada condición. En el caso del TDAH, los sistemas dopaminérgicos —diseñados evolutivamente para entornos de recompensa inmediata— entran en conflicto con las exigencias contemporáneas de gratificación diferida. La hipervigilancia y los cambios rápidos de atención, que resultaban adaptativos para la detección de amenazas en contextos ancestrales, se convierten en desventajas en tareas de atención sostenida prolongada. Del mismo modo, la necesidad de movimiento constante choca directamente con los requisitos sedentarios de las instituciones educativas y laborales .
Para el TEA, los mecanismos de desajuste se manifiestan de forma distinta. El procesamiento sensorial intensificado —potencialmente adaptativo para el monitoreo ambiental en entornos menos complejos— se vuelve abrumador en contextos de sobreestimulación constante. La cognición centrada en el detalle, valiosa para ciertas tareas específicas, entra en tensión con las demandas contemporáneas de cambios rápidos de tarea. Las diferencias en la comunicación social se ven amplificadas por estructuras sociales cada vez más complejas e indirectas .
Evidencia evolutiva: ¿por qué persisten estos rasgos?
Si el TEA y el TDAH fueran simplemente "trastornos" en el sentido médico tradicional, cabría preguntarse por qué la selección natural no los ha eliminado del acervo genético humano. La respuesta, desde una perspectiva evolutiva, apunta en una dirección contraria: estos rasgos persisten precisamente porque han conferido ventajas adaptativas en determinados contextos .
El TDAH en entornos de cazadores-recolectores
Un estudio publicado en Proceedings of the Royal Society B en 2024 aportó evidencia empírica relevante sobre esta cuestión. Mediante un juego de recolección virtual que simulaba entornos de búsqueda de recursos, los investigadores encontraron que las personas con rasgos de TDAH obtenían una media de 602 bayas, frente a las 521 recolectadas por aquellas sin estos rasgos. La clave residía en su patrón de comportamiento: quienes presentaban síntomas de TDAH tendían a cambiar de arbusto con mayor frecuencia, abandonando las áreas agotadas en busca de nuevas fuentes de recursos .
Este patrón de "exploración frente a explotación" resultaba más eficiente en entornos de recursos variables, precisamente el tipo de entorno en el que evolucionaron los seres humanos durante más del 95% de nuestra historia como especie. David L. Barack, autor principal del estudio, señala que "nuestra maquinaria de búsqueda de recursos —nuestros cerebros— evolucionó en un mundo muy diferente al actual, que tiene muchas más fuentes de distracción e información" .
La evidencia proveniente de estudios con poblaciones actuales que mantienen modos de vida tradicionales resulta particularmente reveladora. Entre los Ariaal de Kenia, se observó que los individuos portadores del receptor DRD4 —asociado con el TDAH— presentaban mejor estado nutricional cuando vivían en contextos nómadas, pero no cuando residían en asentamientos sedentarios . Este hallazgo sugiere que las características conductuales asociadas al TDAH —altos niveles de energía, disposición a asumir riesgos, atención dispersa— resultaban ventajosas en entornos que exigían movilidad constante y capacidad de respuesta rápida a condiciones cambiantes.
El TEA y las especializaciones cognitivas
Para el TEA, la evidencia apunta hacia la importancia de las habilidades de especialización profunda. Según la investigación de Penny Spikins y colaboradores de la Universidad de York, hace aproximadamente 100.000 años surgió en los seres humanos lo que denominan "moralidad colaborativa": una actitud grupal orientada a la cooperación que transformó la forma en que las personas con rasgos autistas eran integradas en sus comunidades .
Las personas con sentidos agudizados, memoria excepcional y atención al detalle —rasgos característicos del TEA— comenzaron a ser valoradas por su contribución a tareas especializadas que beneficiaban a todo el grupo: el conocimiento detallado del territorio, la comprensión del comportamiento de las presas, el reconocimiento de plantas y animales comestibles, y la elaboración de herramientas y objetos de artesanía . Estas capacidades de especialización se alinean con lo que algunos autores han denominado "mentes especializadas": variaciones cognitivas que se mantienen en las poblaciones porque aportan valor a través de la división de funciones dentro del grupo .
La paradoja del entorno moderno
El problema no reside, por tanto, en las características del neurodesarrollo en sí mismas, sino en el desajuste con los entornos para los que no fueron seleccionadas. Las sociedades industriales avanzadas, con sus sistemas educativos estandarizados y sus entornos laborales altamente estructurados, imponen exigencias que colisionan frontalmente con las formas de procesamiento características de estas variantes neurocognitivas .
En las aulas modernas, se espera que los niños permanezcan sentados durante largos períodos, mantengan la atención en tareas abstractas con recompensas diferidas, sigan instrucciones secuenciales y se adapten a horarios y rutinas rígidas. Para un perfil cognitivo seleccionado por su capacidad de exploración rápida, respuesta inmediata y procesamiento simultáneo de múltiples estímulos —el perfil asociado al TDAH— este entorno supone una exigencia para la que no está preparado .
De manera análoga, los entornos escolares y laborales contemporáneos, con sus altos niveles de estimulación sensorial, demandas de multitarea y expectativas de comunicación social compleja, pueden resultar particularmente desafiantes para personas con perfil autista, cuyas fortalezas en el procesamiento detallado y la atención sostenida a intereses específicos encuentran pocos espacios de expresión .
Crítica a la categoría de "trastorno"
La reflexión antropológica invita a cuestionar las propias categorías diagnósticas que utilizamos. Como señala el antropólogo Matthew Wolf-Meyer, la idea de que el cerebro es el locus central de la persona es un constructo histórico relativamente reciente, vinculado al desarrollo de la neurociencia y la psiquiatría en los siglos XIX y XX. En otras tradiciones culturales, la persona se localiza en otras geografías corporales, como el corazón en Japón, lo que lleva a concepciones muy diferentes de la variabilidad humana .
Desde la perspectiva de la neurodiversidad, movimiento impulsado por personas autistas y con TDAH desde la década de 1990, las diferencias neurológicas deben entenderse como variaciones naturales comparables a la biodiversidad en los ecosistemas. Como argumenta Judy Singer, acuñadora del término, la neurodiversidad es "la realidad biológica de la variación infinita en la neurocognición humana" .
Un argumento central de esta perspectiva es que la patologización de estas variaciones responde más a necesidades de normalización social que a criterios objetivos de salud. Como señala Brinkmann (2024), "una persona solo puede ser considerada enferma o con un trastorno mental si experimenta sufrimiento o angustia en un grado considerable", lo que no puede afirmarse para muchas personas neurodivergentes que llevan vidas plenas y exitosas .
La propia evidencia genética cuestiona la categorización binaria entre "salud" y "trastorno". Los estudios demuestran que los rasgos asociados al TEA y al TDAH son dimensionales y se distribuyen de forma continua en la población, sin un punto de corte claro que separe lo patológico de lo normal . Como señala un análisis reciente, "las diferencias entre dos individuos neurotípicos pueden ser tan grandes o mayores que entre un individuo neurotípico y otro neurodivergente" .
Implicaciones para la práctica educativa y social
Esta reinterpretación del TEA y el TDAH como ajustes evolutivos conlleva importantes implicaciones prácticas. En lugar de centrar los esfuerzos en "corregir" o "normalizar" a las personas neurodivergentes, el enfoque debería dirigirse a transformar los entornos para que resulten más inclusivos y accesibles .
En el ámbito educativo, esto significa repensar las metodologías de enseñanza, los sistemas de evaluación y la organización del espacio y el tiempo para dar cabida a diferentes estilos de aprendizaje. Investigaciones recientes muestran que cuando se modifican las condiciones del entorno —por ejemplo, permitiendo el movimiento, ofreciendo opciones de aprendizaje multisensorial o permitiendo especializarse en áreas de interés— los estudiantes neurodivergentes no solo mejoran su rendimiento académico, sino que pueden alcanzar niveles de excelencia que superan a sus pares neurotípicos en determinadas áreas .
En el ámbito laboral, cada vez más organizaciones están reconociendo el valor de la neurodiversidad como fuente de innovación y ventaja competitiva. Empresas del sector tecnológico, en particular, han desarrollado programas específicos de contratación para personas autistas, valorando sus habilidades para el pensamiento sistémico, la atención al detalle y la concentración sostenida .
Conclusiones: hacia un paradigma inclusivo
La evidencia reunida desde la antropología evolutiva, la neurociencia y los estudios sobre neurodiversidad apunta hacia una conclusión transformadora: el TEA y el TDAH no son trastornos en sí mismos, sino expresiones de la diversidad neurocognitiva humana que han persistido a lo largo de la evolución por sus contribuciones adaptativas a la supervivencia grupal.
El hecho de que estas características puedan suponer desventajas en contextos educativos y laborales modernos no invalida su valor como variaciones naturales, sino que revela las limitaciones de nuestros entornos para acomodar la diversidad cognitiva. Como argumenta Wolf-Meyer, "en lugar de pensar en cómo podemos reorganizar la escuela para incluir a un niño, deberíamos preguntarnos cómo reorganizar toda la escuela para acoger a muchos más niños" .
La transición hacia un paradigma que reconozca el TEA y el TDAH como formas de neurodesarrollo con fortalezas específicas —en lugar de como meros trastornos a corregir— no implica negar las dificultades que pueden conllevar. Pero sí implica situar el origen de esas dificultades no en el individuo, sino en el desajuste entre sus características y un entorno diseñado para un tipo muy específico de funcionamiento cognitivo.
Como concluye un reciente artículo en Research in Autism, "la neurodiversidad es una característica fundamental de la especie humana, con variaciones profundas en el procesamiento cognitivo, la experiencia sensorial y la interacción social". Reconocer y valorar esta diversidad no es solo una cuestión de justicia social, sino una condición para el florecimiento humano en su conjunto .
Referencias
- Neurocognitive Mismatch Theory: ADHD and autism as context-contingent outcomes. Frontiers in Psychology, 2025.
- Specialised minds: extending adaptive explanations of personality to the evolution of psychopathology. Evolutionary Human Sciences, 2022.
- Spikins, P. et al. Autism and collaborative morality. University of York, 2016.
- Barack, D.L. et al. ADHD traits and foraging behavior. Proceedings of the Royal Society B, 2024.
- Swanepoel, A. ADHD and ASD as normal biological variations as part of human evolution. Clinical Neuropsychiatry, 2024.
- Wolf-Meyer, M. Unraveling: Remaking Personhood in a Neurodiverse Age. Entrevista en Holland Bloorview, 2021.
- Williams, J. & Taylor, E. The evolution of hyperactivity, impulsivity and cognitive diversity. Journal of the Royal Society Interface, 2006.
- Hunt, A. & Jaeggi, A. Specialised minds and social niche specialization. Evolutionary Human Sciences, 2022.
- Neurodiversity: Integrating evolutionary, philosophical, and sociocultural perspectives. Research in Autism, 2026.
- Mismatch theories explaining the adaptive role of ADHD in ancestral environments. Nature Scientific Reports, 2020.
Referencias (traducidas al español)
- Hunt, A. D. y Procyshyn, T. L. (2024). Cambio de perspectivas sobre el autismo: contribuciones compartidas entre la psiquiatría evolutiva y el movimiento de neurodiversidad. Autism Research.
- Swanepoel, A. (2024). TDAH y autismo como variaciones biológicas normales dentro de la evolución humana y no como trastornos. Clinical Neuropsychiatry.
- MacDonald, H. J. y colaboradores (2024). La hipótesis dopaminérgica del TDAH: revisión actualizada. Frontiers in Psychiatry.
Kidwell, J. L. (2025). TDAH y autismo desde la teoría del desajuste neurocognitivo. Frontiers in Psychology.