Por mucho tiempo se ha asociado la alta capacidad intelectual con ventajas casi exclusivas: rendimiento académico sobresaliente, rapidez de aprendizaje o creatividad elevada. Sin embargo, la evidencia científica más reciente nos invita a una mirada más compleja: las personas con altas capacidades pueden enfrentar desafíos significativos en su desarrollo socioemocional, educativo y personal, especialmente cuando sus entornos no responden adecuadamente a sus necesidades.
1. La paradoja del rendimiento: expectativas, presión y ansiedad
Contrario al mito de que las personas con altas capacidades “siempre lo tienen fácil”, estudios recientes muestran que la presión por cumplir estándares elevados puede generar estrés, perfeccionismo y ansiedad. En ambientes escolares con altas expectativas para estos estudiantes, la competencia y la búsqueda de perfección pueden intensificar el malestar emocional, especialmente si no se promueve un entorno de apoyo emocional junto con el académico.
Además, programas de intervención que fomentan habilidades socioemocionales y de regulación emocional han demostrado ser fundamentales para equilibrar el desarrollo integral de estudiantes con altas capacidades, reduciendo el impacto del perfeccionismo no adaptativo y promoviendo estrategias de afrontamiento saludables.
2. Sentimiento de estigmatización y desafíos sociales
Un estudio reciente de la Universidad de Georgia reveló que aproximadamente uno de cada tres estudiantes con altas capacidades reporta sentirse estigmatizado por su condición, lo que puede dificultar sus relaciones sociales y sensación de pertenencia en contextos educativos habituales.
Aunque esta sensación de estigma no implica que todas las personas con altas capacidades padezcan aislamiento crónico, sí pone en evidencia que la etiqueta de “dotado” puede tener efectos sociales y emocionales que requieren atención y manejo adecuados.
3. Doble excepcionalidad: talentos y dificultades coexistentes
Un desafío especialmente relevante en la investigación reciente es el fenómeno de la doble excepcionalidad, que ocurre cuando una persona con altas capacidades también presenta trastornos del aprendizaje o del desarrollo, como TDAH o dislexia. Estos casos son complejos porque los talentos pueden enmascarar las dificultades —o viceversa— lo que retrasa el diagnóstico y la intervención adecuada.
La literatura señala que esta convivencia de características puede requerir estrategias educativas y de apoyo especializado que consideren tanto las fortalezas como las necesidades particulares de la persona.
4. Variabilidad individual: una realidad que rompe los estereotipos
Es importante enfatizar que no todas las personas con altas capacidades experimentan las mismas dificultades y que las experiencias individuales son altamente variables. Algunos muestran una autoestima sólida y bienestar socioemocional comparable o incluso superior al de sus pares, mientras que otros enfrentan retos específicos relacionados con su entorno, expectativas o habilidades emocionales.
Esto implica que las altas capacidades no determinan por sí solas un resultado psicológico o social único, sino que interactúan con factores personales y contextuales que pueden potenciar tanto fortalezas como vulnerabilidades.
5. Más allá del rendimiento: hacia modelos educativos y de apoyo integrales
La evidencia más reciente subraya la necesidad de modelos educativos que vayan más allá del puro rendimiento académico. Esto incluye programas que integren el desarrollo de habilidades socioemocionales, estrategias de regulación y espacios de apoyo que reconozcan la singularidad de cada individuo con altas capacidades.
En definitiva, las altas capacidades intelectuales no son un «superpoder» que elimina dificultades, sino un perfil complejo que requiere atención integral, contextualizada y flexible, tanto en educación como en salud mental y apoyo psicosocial.
Recomendaciones prácticas para padres y cuidadores de personas con altas capacidades
El acompañamiento familiar cumple un rol decisivo en el bienestar de niños, adolescentes y adultos con altas capacidades. La investigación reciente coincide en que no basta con estimular el rendimiento intelectual: es fundamental sostener el desarrollo emocional, social y relacional de manera equilibrada.
1. Priorizar el bienestar emocional por sobre el rendimiento
Diversos estudios muestran que el perfeccionismo y la autoexigencia excesiva son factores de riesgo para ansiedad y desmotivación en personas con altas capacidades. Por ello, es clave:
- Validar el esfuerzo más que el resultado
- Normalizar el error como parte del aprendizaje
- Evitar reforzar la idea de que “siempre debe destacar”
El mensaje implícito debe ser claro: el valor personal no depende del desempeño intelectual.
2. Escuchar activamente y legitimar sus vivencias
Muchos niños y adolescentes con altas capacidades expresan sentirse “diferentes” o incomprendidos. La evidencia señala que la invalidación emocional —aunque sea involuntaria— incrementa el aislamiento interno.
Recomendaciones prácticas:
- Escuchar sin minimizar (“no es para tanto”)
- Nombrar emociones complejas (frustración, aburrimiento, soledad)
- Evitar comparaciones con otros niños o hermanos
La validación emocional es un factor protector clave para la salud mental.
3. Favorecer vínculos con pares afines
La investigación indica que el sentimiento de pertenencia mejora significativamente cuando las personas con altas capacidades pueden interactuar con pares que comparten intereses, estilos de pensamiento o niveles de profundidad reflexiva.
Esto puede lograrse mediante:
- Talleres temáticos (ciencia, arte, escritura, tecnología)
- Actividades extracurriculares basadas en intereses genuinos
- Espacios donde no sean “etiquetados”, sino comprendidos
No se trata de aislarlos, sino de ampliar sus oportunidades vinculares.
4. Observar señales de doble excepcionalidad
Las altas capacidades no excluyen la presencia de TDAH, dislexia, dificultades emocionales o sensoriales. Cuando existen:
- desajustes entre capacidad intelectual y rendimiento
- frustración persistente
- fatiga emocional o conductual
es recomendable evaluaciones integrales realizadas por equipos especializados que consideren fortalezas y dificultades simultáneamente.
5. Ajustar expectativas familiares y educativas
Uno de los hallazgos más consistentes de la literatura reciente es que las expectativas rígidas aumentan el riesgo de malestar psicológico. Padres y cuidadores pueden:
- Ajustar exigencias a la etapa vital, no solo al potencial
- Permitir ritmos propios de desarrollo
- Diferenciar capacidad intelectual de madurez emocional
El desarrollo no es homogéneo, y eso también es parte de las altas capacidades.
6. Promover habilidades socioemocionales explícitamente
Las habilidades emocionales no siempre se desarrollan de forma espontánea. Programas y prácticas que fomentan:
- regulación emocional
- tolerancia a la frustración
- flexibilidad cognitiva
han mostrado efectos positivos en el bienestar de personas con altas capacidades, especialmente en contextos escolares exigentes.
Una idea central para familias y cuidadores
Acompañar a una persona con altas capacidades implica mirarla de forma integral: como alguien con talentos, sí, pero también con necesidades emocionales, relacionales y contextuales específicas.El verdadero apoyo no está en exigir más, sino en comprender mejor.